Crónica de Mario Seguel

Hollas techadas, domingo con magia. El marco. Amanece camino a las Cuchillas del Yuste. A través de las ventanillas las miradas disfrutan la suave e intermitente llovizna. Oteamos el refusilo que cruza oscuras nubes sobre las cumbres altas. Aún así, apacible la mañana, se perciben ganas.
En el café del cruce de caminos endemoniado de simple, donde tal vez pierda el rumbo el más avezado. Dimos al aguacero la oportunidad de recapacitar. Tenemos a favor un grupo humano semejante. Energizante. Casualidad, causalidad, culturas distantes. El cruce convocante. Momento de reconocernos.
¡Allá vamos!
– Mexicano, clavadista de rías.
– Vascos, de los Arándanos
– Galicia, la sonrisa
– Suiza, alegría y dulzura del payaso
– Alemán, caminante
– Argentinas, las ganas, la risa, el encanto, mallas de colores girando.
– Otros nativos, caminantes históricos. Sus bagajes
Esta combinación y el cielo despejado ponen la magia. Ya en la cuesta de Tanti, 40 puntos negros. Vacas infaltables a ojo de mal cubero contrastan. En la pradera lavada, pircas. ¡El día es nuestro!
Hoyas Flechadas, el río Yuspe sinuoso, ferroso corre por cajones de piedras como otros tantos de altas cumbres. Antaño enormes rocas cayeron, formando ríos subterráneos, hoyas techadas varias, pequeñas, grandes.
Adrenalina. La primera es remontar contra la corriente en pasamanos, nadando o prendidos como ranas en los bordes. De verdad nunca nos animamos muy adentro. Nos dejamos volver con la correntada. Tirados, muertos. En el remanso de arena el mimbre tapa el recodo donde la cascada fina, de varios metros, cae rodeada de helechos permitiéndonos cruzar debajo.
No cabe más, sería interminable la descripción de los minutos con magia. La vuelta sobre la pampilla inclinada, donde a mi entender, en ningún lugar como allí se prolongan las sombras de caminantes.
Marcelo cuenta que las fotos en colores duran 20 años. Las del alma, más.
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